¿Qué necesitan los equipos para transitar una verdadera transformación?
Durante años he observado cómo la mayoría de los enfoques para lograr o adaptarse al cambio no perduran. Pueden ofrecernos ideas interesantes o modificar nuestra perspectiva pero son fundamentalmente incompletos y el aprendizaje que generan no puede perdurar. Nos hemos dejado seducir por el enfoque intelectual y la conexión de puntos cognitivos, pero esto no es suficiente. Gran parte de aquello en lo que nos hemos convertido, nuestros hábitos, tendencias, patrones... vive en los mismos tejidos de nuestro cuerpo. Y ahí no podemos llegar solo a través de la comprensión racional.
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Un descentramiento suave pero decidido que nos permita descender por debajo de la mente —por brillante que sea— y conectar con una sabiduría más amplia, donde reside la inteligencia del cambio que perdura.
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Adoptar una visión 360º que conecta atención, intención y comportamiento, desde la que creer, querer y actuar para lograr los resultados que se propongan.
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Tomar conciencia de su capacidad de liderazgo para diseñar el futuro y convertirse en auténticos motores del cambio. Cuando la mente, el corazón y el cuerpo comienzan a moverse en la misma dirección, el cambio emerge de dentro hacia fuera y se activa el motor de la transformación. Las personas y los equipos son imparables.